Vívida y nutrida experiencia

 

 

Sólo al entrar al caño Mánamo, dejé de sentirme abrumado por las dimensiones del Orinoco.
Desde que salí de Ciudad Bolívar, sentí que la canoa era muy pequeña para estas corrientes y para estas ventiscas.
No llevé reloj deliberadamente y chequeaba la brújula para distraerme. Fijaba dos puntos en la lejanía y, como en trance, remaba hacia éstos.
Si encontraba una playa (casi todas las playas extensas del río están en la ribera Norte mientras que la Sur es mayormente rocosa) me detenía a comer algo, muy poco, pero sirvió. Sin embargo, traté de no hacer paradas innecesarias y fluir.
Remolinos y “chorros” (corriente viva y franca) estuvieron allí presentes y entre eso y las toninas me mantuve siempre atento.
Aquí y ahora, era mi mantra. Avanzar incluso cuando el viento me lo impedía.
La gente, salvo excepciones, es maravillosa. Poetas, como José Luis Aray, pescadores, solidarios en esencia como Jesús Carrera (ACBL), Miguel y Daniel (una dupla de kayakistas que valen más de su peso en oro) y muchos que me re encontraron con el ser Humano, con el venezolano que, en palabras de Aramis Mateo (Biotrek) añoramos y debemos rescatar como el valor fundamental de nuestra idiosincrasia latinoamericana y caribeña.
¿Soledad? Estoy acostumbrado a ella, la atesoro y la busco, pero estar en ese río acrecentó ese estado.
Años de yoga meditación ayudaron a digerir esta experiencia: sentirte tan, pero tan pequeño y a la vez tan grande como el río sin caer en la subestimación o en la egolatría enfermiza.
Sin embargo, extrañamente, tuve siempre la vívida sensación de estar acompañado. Tal vez el intenso sol, el cansancio, el espacio abierto o no sé qué elementos, me hicieron escuchar voces.
Los llamé “Espíritus del Río y de Las Selvas” y en gran medida me sentí acompañado por ellos.
Acá, en este río y durante este viaje, experimenté una conexión íntima con lo intangible.
Una sensación de pertenecer a algo más allá de lo social, a algo inconmensurable que arropa a todo y todos.
La canoa y el río me impusieron un ritmo, una cadencia de remado, una oportunidad para vivir el Zen; acción y pensamiento, cuerpo y mente en fuerte armonía en aquellos momentos presentes, segundo a segundo, palada tras palada.
Y así pasé a través de casi 250 kilómetros de ríos para toparme con la dicotomía de seguir o parar.
Lo evidente no admitió más dudas y con un dolor intenso, suspendí la travesía optando por mi seguridad: puedo aceptar un reto que me haga más humano, pero no un reto servido por la delincuencia que me saque, por supervivencia, lo peor de mí.
Ahora, planifico mi regreso;
y como me despedí de un Warao: Yakera moroni ( hasta luego amigo).
Octubre 2016 para regresar y citando a F. Nietzsche:
“Lo mismo no vuelve
Es el volver lo mismo de lo que deviene”

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Si quieres saber mas detalles del viaje conéctate al blog de Freddy http://riosdesuramerica.blogspot.com/2016/05/rios-desuramerica.htm

2 responses to “Vívida y nutrida experiencia

  1. Increible experiencia . Estoy pensando muy seriamente en vivir algo parecido tal vez menos recorrido. La experiencia físico espiritual debe de llenar plenamente. Felicidades a Freddy y a ustedes por estar. Admirable .

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